"HERMENÉUTICA DE LA CONTINUIDAD" EN EL 2026
21/08/26 2:08 PM
(InfoCatólica) El obispo emérito de Coira, Mons. Marian Eleganti, ha lanzado un mensaje doblemente incómodo para las distintas sensibilidades enfrentadas en la Iglesia: la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX) «no es la solución», pero tampoco lo es ignorar las razones por las que numerosos católicos, especialmente jóvenes, se sienten atraídos por la liturgia tradicional.
En una entrevista concedida a AdVaticanum, el prelado suizo aborda la crisis litúrgica, la situación de la Fraternidad San Pío X, la sinodalidad y el ejercicio del ministerio petrino. Su diagnóstico parte de una convicción fundamental: la comunión visible y canónica con el Papa no es algo accesorio para la vida de la Iglesia..
La FSSPX no es la solución»
El obispo emérito de Coria rechaza que la frustración provocada por la reforma litúrgica pueda justificar una ruptura con Roma. De hecho, ya fue especialmente contundente a comienzos de año, cuando calificó como «acto cismático» la consagración de nuevos obispos de la FSSPX sin mandato pontificio. En su opinión, invocar una situación de necesidad eclesial o la salvación de las almas no puede legitimar la creación de una jerarquía independiente de la autoridad del Papa.
Mons. Eleganti recuerda que existe una sola Iglesia, fundada por Cristo sobre Pedro, y su unidad no puede reducirse a reconocer al Papa de manera meramente nominal o rezar por él en la liturgia. La unidad debe ser también visible y canónica. «La FSSPX es cismática y permanecerá simplemente como otra confesión cristiana», afirma, con toda contundencia. «De ella surgió Mons. Williamson, que ordenó válidamente los obispos que quiso. Esto muestra a dónde lleva todo».
El obispo no defiende el statu quo litúrgico
La posición de Mons. Eleganti dista mucho, sin embargo, de ser una defensa cerrada de todo lo ocurrido después del Concilio Vaticano II. «Debemos tomarnos en serio las críticas de la reforma litúrgica y volver a analizar la cuestión», afirma, reconociendo abiertamente que la reforma litúrgica merece una revisión seria y que determinados aspectos de la aplicación del Concilio han generado problemas que la Iglesia no debería esconder bajo la alfombra.
En particular, considera necesario reconocer las legítimas preocupaciones de quienes perciben en determinadas celebraciones del llamado Novus Ordo un excesivo horizontalismo o antropocentrismo. Por eso propone que la Iglesia estudie de manera honesta tanto la reforma litúrgica como algunos pasajes de los documentos conciliares, recurriendo también a las actas del Concilio para determinar qué pretendieron realmente sus padres.
La liturgia tradicional no es un problema que hay que eliminar
Uno de los puntos centrales del planteamiento de Mons. Eleganti es que la existencia de una sensibilidad tradicional en los fieles no puede resolverse simplemente marginándola. El obispo sostiene que la liturgia romana antigua debe encontrar un lugar legítimo en la vida de la Iglesia y que puede aportar elementos capaces de corregir desequilibrios presentes en la práctica litúrgica contemporánea.
A ese respecto, critica el motu proprio Traditionis Custodes del Papa Francisco, que restringió drásticamente el uso de la liturgia antigua. «La cuestión está basada en una mentira: en la encuesta que se realizó, los obispos del mundo no dijero qu quisieran medidas más estrictas; la mayoría estaban contentos con Summorum Pontificum». Por eso considera que la respuesta no consiste ni en entregar a los fieles descontentos a la FSSPX ni en exigirles que abandonen toda reivindicación de la liturgia tradicional.
El planteamiento adquiere especial relevancia cuando Mons. Eleganti habla de los jóvenes que se sienten atraídos por la liturgia tradicional. Ignorar este fenómeno, advierte, sería un grave error. No se trata simplemente de nostalgia por una Iglesia del pasado: detrás de la cuestión litúrgica existe, según el prelado, una demanda real de reverencia, sacralidad, continuidad y claridad doctrinal.
Cambios en el ejercicio del ministerio petrino
Finalmente, Mons. Eleganti también se refirió al modo en que se ejerce hoy el pontificado. A su juicio, «los papas tienen demasiado poco tiempo para la oración, la reflexión y el liderazgo».
En ese sentido, considera excesiva la presión que puede llevar al pontífice a multiplicar viajes, audiencias y encuentros públicos. «Juan Pablo II puso el listón tan alto que ha habido una especie de obligación de viajar», explica el obispo. «Para mí, es suficiente que [el Papa] enseñe la fe y sea una roca al hacerlo».
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