Jacinto Vera Vicario Apostólico y sus virtudes heroicas en el destierro forzoso y prudente de casi un año en Buenos Aires, provocado por la persecución de los masones uruguayos
INTRODUCCIÓN
A causa de la negación de Jacinto Vera en el año 1863 – siendo Vicario Apostólico de Uruguay y dependiente del Obispado de Buenos Aires, donde se había formado como sacerdote – de darle los servicios Litúrgicos de una Misa de cuerpo presente en la Catedral de Montevideo – Iglesia Matriz del Uruguay - al masón maragato Jacobesen, ni tampoco la posterior sepultura eclesiástica en el “campo santo” regido por la Iglesia – en donde se daba sepultura a los fieles católicos – y producido el llamado “conflicto eclesiástico”; los masones uruguayos - muchos de ellos constituidos en autoridad, como era el caso del mismo Presidente de la República Berro que, era católico y masón a la vez – el Padre del Clero Uruguayo se vio forzado por prudencia a exiliarse en la ciudad de Buenos Aires desde el 8 de octubre de 1862 hasta el 23 de agosto de 1863.
En este año de Gracia de 1863 el Ilustrísimo Señor Vera es restituido por las autoridades uruguayas en su cargo de Vicario Apostólico.
En ese mismo año de 1863 el Vicario de Cristo Reinante, Pío IX, escribe un Breve “por el cual se le confería el honroso título de PRELADO DOMÉSTICO de Su Santidad, en testimonio de la plena aprobación de su conducta durante el conflicto eclesiástico” (las palabras entrecomilladas son del Doctor Lorenzo A. Pons, Presbítero; en su Biografía del Ilustrísimo y Reverendísimo Jacinto Vera y Durán, Primer Obispo de Montevideo – Publicada en Montevideo en el Año 1904 -.
A seguir vamos a copiar las páginas 140, 141 y 142 del Capítulo XIII de esta Biografía que testimonian por parte de nuestros hermanos argentinos, el ejercicio de las virtudes heroicas ejercidas por nuestro Prelado Uruguayo en su exilio forzoso y prudente, en la otra orilla del Estuario común – el Río de la Plata - que nos une con la argentinidad y que lo acogió cálidamente en la ciudad porteña de Buenos Aires. Ciudad rioplatense ésta que lo vió formarse como sacerdote en el Seminario regido por los religiosos de la Compañía de Jesús – adonde había sido enviado por Manuel Oribe, que lo entresacó de sus huestes Sitiadoras de Montevideo al constatar su clara vocación a la Superior, Espiritual y Clerical Milicia sacerdotal católica, en plena Guerra Grande Civil de la Banda Oriental -.
Porque como dice el escritor porteño del siglo XX: Jorge Luis Borges - que visitaba con regularidad a sus parientes en el Barrio Paso Molino de Montevideo -: “Como los tientos de un lazo se entrevera nuestra historia” (*)
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Beato Monseñor Jacinto Vera
TEXTO DEL DOCTOR LORENZO A. PONS, PRESBÍTERO ORIENTAL
“Cuando llegó a Buenos Aires la noticia de la reposición del señor Vera en el pleno goce de sus facultades y prerrogativas de Vicario Apostólico, EL PENSAMIENTO ARGENTINO, periódico religioso que se publicaba en aquella ciudad decía: «Va a cumplir un año que vino el señor Jacinto Vera, Vicario Apostólico, a esta ciudad de Bueno s Aires, desterrado por un decreto del Presidente de la República Oriental, don Bernardo Berro. Hoy este mismo señor ha dado un decreto de restitución y completo reconocimiento enviando una comisión al Sr. Vera, para que se digne cuanto antes volver al frente de su Vicariato.»
» Se retira de nosotros ese huésped honorable cuya visita ha sido tan grata y tan benéfica como lo esperábamos. El venerable proscripto, aislado en una humilde celda del convento de San Francisco, que prefirió al Palacio Episcopal y otras habitaciones, nos ha edificado con su humildad, con su paciencia y mansedumbre. La alegría de su semblante indicaba la paz de su conciencia y la sublimidad del héroe cristiano que dice el Apóstol: me conviene gloriarme en la cruz de Jesucristo. En todo el discurso de su mansión en Buenos Aires, se le vió siempre en el confesionario, en la Iglesia, en los hospitales, en la cárcel, asistiendo enfermos y algunas gentes de campo oyendo su predicación; a nadie ocasionó molestia alguna, a todos fue amable. Buenos Aires tuvo la dicha de formar este sacerdote hace más de veinte años y hoy ha tenido el gusto de hospedarle en su destierro. Aquí todos le han respetado, desde el Prelado eclesiástico hasta el último ciudadano. El Gobierno mismo que asumió el rol de mediador y que tanto hizo por auxiliar al señor Berro en su conflicto, en cierto modo lo reconoció en su carácter de Vicario Apostólico, desde que el arreglo a que se arribó fue el de un nombramiento de un Delegado del mismo Sr. Vicario Vera a cuyo nombre debía regir la Iglesia Oriental.»
» Allí le ha asistido la dulce satisfacción de saber que su conducta había sido aprobada y premiada por el Sumo Pontífice cuyo Vicario es, y por el Excelentísimo Sr. Delegado Dr. Marini cuyas notas al Gobierno Oriental desde el principio del conflicto redundan en honor del Sr. Vera, y cuya diplomacia y constante trabajo salvaron su autoridad hasta este momento en que se restituye al pleno goce de su derecho.»
» Allí le ha venido a buscar el doctor Requena, su digno amigo, ese buen hijo de la Iglesia que ha luchado por ella con todo su talento e influencia y buena voluntad, en comisión del Presidente de la República, para solicitar su vuelta al seno de su amada grey, por la que no ha cesado de orar en este tiempo de difícil prueba.»
» Le acompaña a su vuelta su fiel compañero el presbítero Chantre y los presbíteros Casorla y Bollo.
» Nosotros saludamos al Apóstol de la libertad e independencia de la Iglesia que vuelve del destierro con mayores bríos para trabajar por la gloria de Dios en esa mies tan maltratad por tanta diversidad de enemigos. No le faltarán dificultades; que no le falte su valor apostólico. La máxima y más sana parte de su Clero que se ha mostrado digna cooperadora de tan ilustre Prelado, corresponderá a tales antecedentes como es de presumir. Los hijos rebeldes, sus adversarios deben ir a rendirle homenaje filial que nunca es más obligatorio que cuando le han llenado de amargura las entrañas del Padre. Este es un deber, una virtud, y hasta un heroísmo, no es vileza, toda vez que se haga con las buenas disposiciones de la santa penitencia… »
HASTA AQUÍ EL PERIÓDICO RELIGIOSO
“EL PENSAMIENTO ARGENTINO”
CONTINUA INMEDIATAMENTE EL PADRE PONS:
“Por la misericordia del Señor y con sus auxilios los clérigos insubordinados sintieron desapasionarse el corazón, salieron de sus ceguedades, y reconociendo sus demasías condenaron lo dicho y hecho; procuraron poner remedio en sus desaciertos para volver a la gracia del Prelado, que mostrándose superior en todo triunfó de las ofensas perdonándolas. Él mismo llevó solemnemente el santo viático bajo Palio al sacerdote que había sido consejero de los demás, y que, arrepentido, leyó en alta voz antes de recibir los últimos sacramentos una retractación de sus extravíos y una profesión de fe católica que movieron a los concurrentes a piedad.”
FIN DEL CAPÍTULO XIII
(*)
Jorge Luis Borges:
Milonga para los orientales (Año 1965)
dedica a los orientales,
de tardes y de ceibales.
El sabor de lo oriental
con estas palabras pinto;
es el sabor de lo que es
igual y un poco distinto.
Milonga de tantas cosas
que se van quedando lejos;
la quinta con mirador
y el zócalo de azulejos.
En tu banda sale el sol
apagando la farola
del Cerro y dando alegría
a la arena y a la ola.
Milonga de los troperos
que hartos de tierra y camino
pitaban tabaco negro
en el Paso del Molino.
Milonga del primer tango
que se quebró, nos da igual,
en las casas de Junín
o en las casas de Yerbal.
Como los tientos de un lazo
se entrevera nuestra historia,
esa historia de a caballo
que huele a sangre y a gloria.
Milonga de aquel gauchaje
que arremetió con denuedo
en la pampa, que es pareja,
o en la Cuchilla de Haedo.
¿Quién dirá de quienes fueron
esas lanzas enemigas
que irá desgastando el tiempo,
si de Ramírez o Artigas?
Para pelear como hermanos
era buena cualquier cancha;
que lo digan los que vieron
su último sol en Cagancha.
Hombro a hombro o pecho a pecho,
cuántas veces combatimos.
¡Cuántas veces nos corrieron,
cuántas veces los corrimos!
Milonga del olvidado
que muere y que no se queja;
milonga de la garganta
tajeada de oreja a oreja.
Milonga del domador
de potros de casco duro
y de la plata que alegra
el apero del oscuro.
Milonga de la milonga
a la sombra del ombú,
milonga del otro Hernández
que se batió en Paysandú. ( [i] )
Milonga para que el tiempo
vaya borrando fronteras;
por algo tienen los mismos
colores las dos banderas.
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ORACIÓN A JACINTO VERA
PARA OBTENER GRACIAS POR SU INTERCESIÓN
(Publicada en Francia, como estampita, en la década de los ´90 del siglo XX)
(Traducción nuestra)
Oh Dios, nuestro Padre, que por la unción de tu Espíritu Santo, hiciste que tu servidor, monseñor Jacinto Vera y Durán, el primer obispo de Montevideo, siguiendo las huellas de tu Hijo Jesucristo, el único Buen Pastor, anunciase por todo el Uruguay el Evangelio de tu Amor y ahí asegurase los sacramentos de la salvación: te damos gracias por el heroico testimonio que nos ha dado, frente a tus enemigos, de la santidad de tu Iglesia. Dígnate, por la exaltación de tu Nombre y para nuestro consuelo, elevar a tu servidor a la gloria de los altares y concedernos, por la intercesión de aquel que no quiso vencer más que por María, una fe inquebrantable, una esperanza invencible, una caridad radiante, y, si es conforme a tu voluntad, la gracia ……………………… que humildemente te pedimos.
Padre Nuestro. Ave María. Gloria al Padre.
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Introductor, copista entretejedor y traductor: Fernando Esmoris
26 de octubre de 2026
Barrio Paso Molino
Montevideo
Uruguay
( [i] ) Aquí hace referencia Borges al escritor argentino Miguel Hernández – autor del poema gauchesco y patriótico de la Pampa regada por Nuestro Común Río de la Plata: Martín Fierro – que remontó el Río Uruguay desde Buenos Aires para ir a Defender militarmente a la ciudad oriental de Paysandú –. Defensa de Paysandú, encabezada por Leandro Gómez y asistida por las hermanas de la Caridad en la retaguardia, contra los invasores Sitiadores de la Misma: el Imperio del Brasil – que respondía a la Diplomacia Masónica Inglesa, pues Inglaterra era por entonces aliada de los Lusitanos países de Portugal y de Brasil que, en el siglo XIX quisieron ser protegidos por el Imperio Anglo, contra las agresiones de España y los Dominios de un Imperio – heredero del Unificador Rey Recaredo - que perduró desde el siglo XV-XVI hasta los albores decimonónicos.
El histórico Sitio y Defensa Paysandú ocurrió entre 1864 y 1865, culminando trágicamente los primeros días de enero de 1865 con el fusilamiento del general Leandro Gómez por parte de las fuerzas bélicas lusitanas.
De ahí en más a este episodio marcial, en la Banda Oriental, se le llamó “la heroica Paysandú”.


